Viajar sola, o el encuentro hacia mí misma

 

Como signo de aire que soy, me gusta mucho viajar. No lo hago tanto como me gustaría, pero cuando tengo la oportunidad no me lo pienso mucho. He viajado en familia, con amigos, por un amor a distancia y sola. De todas las experiencias, recomiendo esta última.

Conmigo de día, conmigo de noche

Viajar sola se puede asociar a tristeza, a soledad impuesta, a no tener otra opción. Te sientas a comer en un restaurante y todo el mundo está acompañado, sobre todo si es verano y las familias viajan juntas. Te apuntas a una excursión y cuando te presentas te preguntan afirmando si tú eres la que viene sola. En estas ocasiones, hay quien te invita a que te unas a su grupo “para que no estés tan sola”. Todo te señala y te recuerda tu soledad, tu ausencia de compañía, tu sola presencia. Pero es que he viajado sola precisamente para eso, para estar conmigo de día y conmigo de noche. Eso no quiere decir que no acepte esa invitación en grupo, pero desde mi decisión de estar acompañada, no apelando a la lástima que crea que les puedo causar.

La soledad elegida

Viajo sola porque necesito no escuchar las mismas voces de todos los días. Porque necesito dejar que se oxigene la rutina que llevo en mi día a día el resto del año. Viajo sola para calmar mis pensamientos, para no tener que ocuparme de nadie más que de mí misma. A veces voy a sitios que tienen relación con un recuerdo o una persona especial, otras elijo un destino al azar y me dejo sorprender. Lo importante es estar conmigo misma, hacer lo que quiera y cuando quiera. Dedicar mi tiempo, mi dinero, mis pasos y mis pensamientos a lo que me pida el Útero, y ser feliz por ello. Viajar sola es una excelente manera de conocerse y permitirse, porque sólo hay una persona a la que hay que satisfacer y con la que hay que quedar bien: contigo misma.

Llévate la metáfora a ti misma: ¿te conoces mejor cuando te vistes tus mejores galas para mostrarte al mundo o cuando haces un ejercicio calmado de introspección?

Desde mi experiencia

De mis pocos pero intensos viajes en solitario, permite que te comparta pequeños tips que podrán ayudarte si te decides a viajar en tu compañía:
• Si quieres desconectar de verdad, elige un destino al azar, en función de tu presupuesto, tiempo y facilidad de idioma (o no, prueba a comunicarte de otra manera)
• Si vas a ciudades con espacios y monumentos emblemáticos y no tienes ganas de visitarlos, no lo hagas. Te recomendarán mil cosas para ver y hacer, te dirán que si no visitas tal o no comes cual será como si no hubieses estado. No tienes que llevar una foto para atestiguar que estuviste, porque si te apetece vas y si no pues eliges otra ruta.
• Otra forma de atestiguar y hacerte cargo de los demás: los regalos. En vez de llevarle a todos tus compromisos, háztelos a ti. Yo normalmente compro en esos casos algún detalle para mis padres y mi hermana, pero eso de llegar al aeropuerto en modo Papá Noel es la mayor oda a la Mujer Complaciente que no quiero ser.
Come lo que te apetezca y cuando te apetezca. En mis viajes, esa es la única condición externa que permito: la hora del desayuno en el hotel, sobre todo si tienen buffet libre.
• Volvemos a las ciudades emblemáticas o aquéllas en las que estuvo el novio de tu amiga y de la que te ha hecho una lista de recomendaciones: recorre y explora la ciudad a tu ritmo. Se aprende más de ella caminándola por donde te lleven tus pasos que haciendo largas colas para entrar en sus monumentos.

No importa si en ese viaje no vives la mayor aventura de tu vida, la experiencia será inolvidable si la recuerdas como ese momento de tu vida en el que te permitiste escucharte y hacerte caso. No tendrás fotos en los lugares maravillosos que te recomendó el novio de tu amiga, pero en todas las fotos que aparezcas tu sonrisa será radiante y luminosa. Y los lugares que fotografíes, serán maravillosos porque te recordarán esos momentos de felicidad.

¿Lista para hacer las maletas?

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