Cándida, o el eclipse de mi luz pura

Cándida, término usado para una persona ingenua, inocente. De origen latino, este término se traduce como brillo por su pureza e incandescencia. Evidentemente, esto se explica por el color blanquecino de esta levadura infecciosa vaginal, porque el significado emocional alude justamente a todo lo contrario.

Memorias de asco

La candidiasis, nombre que recibe la infección vaginal provocada por la cándida, está relacionada con experiencias de carácter sexual, haya habido o no contacto físico, en las que me he sentido culpable y sucia. Quizás cedí contra mi voluntad en alguna práctica con mi amante, o abusaron físicamente de mí, o me sentí abusada. Sea como fuere, el resultado es que no manifesté mi malestar, no me pude defender, y a la vez que me convertí en la víctima me siento culpable por haber provocado o formado parte de esa situación. Si sé desde pequeña que si salgo con minifalda me pueden violar, en el momento que me ponga una minifalda y salga a la calle, si me violan, seré víctima y culpable al mismo tiempo. No me cuidé, provoqué esa situación, por lo que solo puedo sentir vergüenza y asco hacia mí misma. Mi sexualidad está putrefacta, tanto como la levadura espesa y a veces maloliente que mi vagina está vomitando.

Culpa, represión y autorrechazo

Una Mujer que se siente culpable por vivir experiencias sexuales que no desea pero de las que se siente responsable tiende a reprimir su sexualidad o a (mal)expresarla en exceso. En ambos casos, la Mujer se negará su propio deseo y castigará su naturaleza sexual, porque se negará por completo a ella o porque se dedicará a volcarse en el placer de su amante sin tomar el suyo en cuenta, no permitiendo incluso recibirlo, porque no es merecedora de él, no se lo ha ganado. Porque su cuerpo está sucio. Es posible que la persona con la que comparto cama me haga daño emocionalmente, como ya me hicieron antes, por lo que la cándida acude a protegernos para que las relaciones sean dolorosas y que la irritación y la sensación de suciedad alejen a la persona “agresora”.  Me niego de esta manera no sólo el placer sexual, sino la apertura hacia la otra persona y también hacia mí misma. Si no recibo en plenitud, tampoco daré de la misma manera. Podré ser la mejor amante, pero daré desde la carencia de que no quiero sentirme rechazada.

Mi luz pura y radiante

Como Mujer que soy, tengo todo el derecho de ponerme una minifalda y salir a la calle sin miedo. Son los demás los que no tienen derecho de invadir mi espacio y mi cuerpo No soy responsable y mucho menos culpable de ceder sexualmente, porque nos han enseñado a ser complacientes. Sólo tengo que conocer cuáles son mis límites y practicar un ejercicio de amor puro hacia mí misma, para que cuando mi cuerpo y mi alma digan no, que así se cumpla.

Soy merecedora del placer, tanto que una parte de mi bella vulva sólo sirve para despertarlo. No hay historia sexual que pueda manchar mi expediente de vida si sé mirarlas y extraer el aprendizaje de ella, siempre bajo la premisa de hice (o no) las cosas lo mejor que pude y supe en ese momento. Merezco mi perdón y mi abrazo incondicional, no  me expongo a recibir una lapidación a modo de castigo porque no son los demás los que me van a tirar piedras, sino que yo misma me las arrojaré y proveeré al resto de aquello que más daño me haga para que me ayuden a castigarme. Soy cándida, soy luz pura y radiante, y como tal, merezco, acepto y abrazo el perdón, el placer y el amor incondicional.

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