Imo, la centésima mona

Si hay un libro que nos sirve de base y pilar a quienes hemos abierto alguna vez un Círculo de Mujeres es El millonésimo círculo, de Jean Shinoda Bolen. Lectura casi ritualística en estos espacios suele ser la historia del centésimo mono, para explicar y entender cómo un círculo nace, se manifiesta y se expande.

 

Las memorias colectivas

La teoría del campo mórfico de Sheldrake dice que existe una memoria colectiva debido a que todos estamos unidos al mismo campo mental, por lo que, cuando sucede algún acontecimiento crítico o decisivo, las consecuencias de dicho cambio afectan a todos los integrantes del campo mental. Tanto los seres humanos como los demás animales y plantas participan de esta memoria colectiva. El cambio introducido provocará un nuevo patrón de conducta que se integrará en todos los componentes porque resuenan con la egrégora, el campo energético, creado y compartido. En otras palabras, estoy hablando del inconsciente colectivo de Jung.

 

Imo, la pionera

Imo es una mona que alteró la memoria colectiva de su raza a raíz de un cambio de comportamiento espontáneo. Resulta que tanto ella como su comunidad eran objeto de estudio para un grupo de científicos. Una serie de islas de Japón estaban ocupadas por diferentes colonias de monos, y para poder realizar sus investigaciones, los científicos les arrojaban boniatos para que los monos bajaran de los árboles y así verlos en su totalidad. En una ocasión, Imo, supongo que hallándose en su fase de Doncella, realizó una acción pionera: mojó su boniato en el mar con el fin de limpiarlo de arena y pesticidas, y se lo comió, descubriendo el delicioso sabor que la sal daba al tubérculo. Le gustó tanto que decidió enseñárselo a su familia, propagándose el descubrimiento rápidamente por toda la isla y convirtiéndose en costumbre. 

Los científicos descubrieron que los monos aprendían por imitación, pero lo realmente sorprendente fue descubrir que, otros monos de otras islas, empezaron de repente a lavar también sus boniatos en el mar, como si llevasen toda la vida haciéndolo. No fue Imo quien les enseñó personalmente, pero sí que provocó con su acto pionero este cambio de actitud más allá de su comunidad. Entonces sí podemos decir que fue Imo quien les enseño.

Imo es la centésima mona, la que inclinó la balanza cuando al realizar algo que se salía de su rutina y confort provocó que toda la comunidad cambiase. Un pequeño cambio puede provocar otros enormes. Y un montón de pequeños cambios, un montón de centésimos monos imagina todo lo que pueden llegar a mover.

 

 

El millonésimo círculo

El círculo de mujeres (o mixto, el que resuene contigo) al que asistas será el millonésimo de tantos que  han surgido antes, desde tiempos inmemoriales, y te aseguro que no será el último. El Círculo al que asistes es consecuencia de la acción de Imo, y muy probablemente tu Círculo será otra centésima mona más. También puedes ser tú Imo, si abres otro círculo a consecuencia de haber estado en alguno o porque has leído El millonésimo círculo y te has inspirado.

 

El círculo ancestral

Cada vez que abrimos un círculo, al ser el millonésimo, estamos invocando a los círculos que fueron abiertos y a todos sus integrantes. Cada círculo tiene memoria colectiva, y al ser invocados traen esas memorias consigo. Es por ello que los círculos son ancestrales, porque traen las voces del pasado y se integran en el presente, y lo que hagamos y digamos en el círculo quedarán plasmado como memoria ancestral para los círculos que se abrirán después y a partir del nuestro. Si lo piensas, ¡los círculos son contagiosos!

Para abrir un círculo, no necesitas más que sentir la llamada en tu interior. Si tienes ese deseo, es porque el arquetipo del círculo y todas las voces y memorias que éste acumula te están llamando. Escucha y sigue ese pedido y no te preocupes de organizar y facilitar un mejor  o peor círculo, simplemente ponte en acción, porque tal y como salga será perfecto. ¡No puede ser de otra manera!

 

 

Mi círculo en mí

En el círculo, lo único que hay que hacer es ser una misma. Vamos al círculo para ser nosotras mismas, y así nutrir y nutrirnos de todas las personas presentes. Buscamos el bienestar, el apoyo y la comprensión de quienes quieren vivir lo mismo y crear comunidades más sanas y puras. En el círculo se puede meditar, realizar alguna actividad conjunta como tejer (las Mujeres tejemos lazos de sororidad), escucharnos unas a otras o reírnos. El círculo se va manifestando y va dando carácter al grupo. Se inicia cuando así se siente y decide, se realizan las sesiones que se pidan por parte de las integrantes, y cuando llega a su fin, se cierra con todo el amor incondicional del Universo. Todo lo que en él pase es sagrado y pasa a formar parte de las memorias colectivas del círculo. 

 

Cierra los ojos, llévate las manos al corazón, toma una respiración profunda y pregúntate: ¿Te están llamando las memorias ancestrales del círculo?

Pautas para un ritual

La conexión con la energía nos hace, en algún momento, realizar rituales. No importa si los seguimos de un manual, de un artículo de un blog o lo creamos nosotras mismas. Tampoco importa la ocasión, puede ser una iniciación, una ofrenda, un círculo de mujeres o una meditación. Lo que te presento hoy son una serie de pautas muy sencillas que para mí son fundamentales a la hora de realizar un ritual. ¿Las quieres conocer?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1.- ¿Tienes claro qué quieres consagrar?

Lo primero es saber qué estás ritualizando: una meditación para conectar con la Diosa (una Womb Blessing por ejemplo), un Rito de Paso, una fiesta wiccana, para lo cual es importante conocer los elementos de la estación que quieres venerar o la luna (para más información, busca los Sabbats y Esbats wiccanos). También si hay entidades o dioses, o ancestros incluso a los que quieres venerar o reconocer, y qué objetivo buscas con el ritual. Será importante para que sepas con qué elementos debes contar.

2.- Elige el espacio

Hay rituales que se ofrecen hacer al aire libre, pero es importante elegir el momento y el lugar. Por ejemplo, un Rito 13º del Útero Munay-ki queda precioso en la playa, incluso dentro del agua mojándonos hasta el vientre, pero en invierno sería una locura. Igual que una iniciación en Umbanda o Candomblé normalmente se practica dentro del Terreiro, el templo que acoge estos cultos. Elige tu espacio y sacralízalo.

3.- El altar

Todo ritual tiene un altar. ¿Sabes por qué? Porque es el lugar donde colocamos los elementos que representan la energía que estamos invocando. Un altar pagano tendrá representados a los cuatro elementos de la naturaleza: aire con incienso, agua con una copa de agua, fuego con la vela y tierra con una piedra, un ejemplo sencillo y básico. Si dedicas el ritual a una entidad, pon una imagen suya, si lo dedicas a una estación, puedes poner hojas  y flores propias de ese tiempo, o una ofrenda con frutas. Puedes combinar dos energías afines que tú las sientas así, aunque a veces es bueno conocer qué dice la tradición al respecto. Por ejemplo, considero una buena idea hacer un ritual para la abundacia y colocar elementos dorados, a Lakshmi y Oxum juntas y frutas de verano, pero no pondría a compartir espacio a Ogum y Xangô en un altar de Umbanda o al Rey Roble y el Rey Acebo en la fiesta wiccana de Yule.

4.-Concentración y silencio

Parece evidente, ¿verdad? ¡Pues a veces no lo es! No te imaginas la cantidad de veces que, al terminar una meditación, lo primero que hace la persona es continuar una conversación justo en el mismo punto donde la dejó antes de empezar a meditar. En ese caso no ha habido ni concentración ni silencio, porque la voz interior se ha pasado todo el tiempo recordándole a la persona el tema que dejó a medias en su conversación. Es también muy importante mantener silencio y concentrarse durante el ritual. Que sí, que también he visto casos de esos.

5.- Abre el ritual expresando la intención

Tanto si estoy sola como en grupo, es importante declarar cuál es la intención del ritual que estamos haciendo, aunque sea evidente. Puedo convocar una meditación tan conocida como la nombrada antes Worlwide Womb Blessing, la Bendición Mundial de Útero, y aunque las asistentes a mi convocatoria sean expertas, mi deber es expresar de viva voz qué vamos a hacer y para qué. Con respecto a la importancia de la voz en el ritual, la autora Harwe Tuileva habla sobre este tema en un libro recomendadísimo, Un viaje de trece lunas.

6.-Explica el ritual

Junto con la explicación de la intención, explico en qué va a consistir el ritual y, en el caso de que haya más gente y éstos deban hacer algo, los avisaré con tiempo, primero por la comodidad y tranquilidad de todos los asistentes, y después para que todo fluya lo mejor posible. Además, si alguien hace algo sin entender, el ritual pierde fuerza.

7.- Cierra el trabajo

Tanto en procesos terapeúticos como en rituales, todo trabajo que se abre debe ser cerrado. No dejamos el ciclo abierto, aunque el trabajo sea largo como puede ser en terapia. En un ritual es más fácil, normalmente se abren y se cierran el mismo día (hay excepciones, como los rituales de Candomblé o Batuque, que duran varios días, pero también se cierran).  Abrimos con una intención, y cuando cerramos agradecemos por todo lo sucedido durante el ritual, incluso lo que no nos haya gustado, porque todo sucede por algo, por aprendizaje o porque tenía que ser así por el motivo que fuera.

¿Tienes algo que quieras ritualizar? Sólo siéntelo, conecta con esa idea, prepara tu ritual, sigue estos sencillos pasos, y sobre todo, ¡disfrútalo!

Imagen extraída de aquí