Mi Tarot Femenino IX: La Luna

Nos seguimos adentrando en el estudio de las Arcanas del Tarot, y en esta ocasión el turno es para La Luna, nuestro satélite favorito en este espacio de empoderamiento femenino menstrual. La carta nos muestra a la reina de la noche con rostro femenino que absorbe unas gotas con forma de lágrimas invertidas que suben a ella, mientras dos lobos aúllan frente a un estanque donde reside un gran escorpión.

 

 

 

La Diosa Madre

Tarots anteriores al presentado aquí muestran en esta Arcana a una diosa que portaba en su mano una luna y que se encontraba suspendida sobre una jauría de lobos. Podría tratarse de  Diana, diosa lunar cazadora. Como Madre, La Luna recoge las emociones de sus hijos y protegidos y los depura, devolviendo las energías saneadas con energía solar, por eso detrás de ella podemos apreciar los rayos del Astro Rey, el Dios Padre. La Luna escucha paciente, asesora, comprende, intuye y aconseja.

La Luna tiene prácticamente el don asumido por todos de intervenir directamente en la naturaleza, especialmente en las mareas, y en el comportamiento de ciertas especies animales como las ostras, que se cierran a su paso, o los propios lobos que aúllan en su presencia. También influye en las plantas como la artemisa, con potentes propiedades menstruales.

 

Hija de la Luna

La Luna es venerada por las seguidoras del misterio de la Diosa Triple: Doncella, Madre y Anciana. Las Moon Mothers somos Madres Lunares, que conectamos la energía de la Luna con el Útero y ayudamos a despertar la vibración de la Diosa en las Mujeres. Cuando trabajamos la conciencia de la menstruación  consciente, entendemos que cada una de las fases del ciclo corresponden a un Arquetipo, por lo que si estoy menstruando ya sé que estoy en fase Bruja y que mi Útero sincroniza con la Luna Nueva. En otras palabras, se dice que cuando estoy menstruando, más que con la regla, estoy en Mi Luna.

 

Bella imagen extraída de aquí

 

La poética del parto

Fíjate qué curioso: pasamos nuestros primeros nueve meses de existencia en el vientre de mamá. Allí nos convocan cuando nos crean y en ese mismo espacio de calor y protección empezamos a tomar forma. Una vez que estemos preparadas para salir al mundo, mamá nos acompañará  a la puerta de salida mediante el parto. Años más tarde lo volverá a hacer, cuando seamos adultas y podamos hacernos cargo de nosotras mismas.

La separación

Cuando se produce un parto, el bebé llora desconsoladamente mientras la madre grita de dolor como culminación a horas previas de dilatación y contracciones. Si está el padre presente, agarra la mano de la parturienta o, como muestran en algunas películas, se desmaya. Hay mucha sangre, cuidados máximos para que el recibimiento del bebé sea perfecto, y una vez que se corta el cordón umbilical, la madre cae rendida de agotamiento en la cama. ¿De verdad que esa experiencia de dolor, gritos, sangre por doquier y llantos nos deja un recuerdo hermoso y maravilloso?

El parto supone a nivel emocional una experiencia traumática de separación entre la mujer y el ser que se ha formado dentro de ella. El útero ha creado un hogar seguro y acogedor para este pequeño ser, pero llega un momento en el que la naturaleza obliga a que el hijo abandone el primer hogar materno y se enfrente al mundo como individuo independiente.

 

 

 

El Proyecto Sentido

Forma parte de la poética del parto cómo se presenta el bebé al mundo: de nalgas, con el cordón umbilical  enrollado en el cuello, o incluso si nace rápido, si se hace esperar, si es prematuro, o si precisa cesárea. El bebé también se manifiesta  y muestra con su llegada lo que dicen sus memorias. Quizás sus padres esperaban un sexo diferente al que este bebé trae, o está evocando la idea de aborto que se planteó la madre en algún momento, o el miedo «a lo que se viene encima» de unos padres primerizos. Estas ideas forman parte del Proyecto Sentido, término que define las memorias psicoemocionales del bebé desde antes de su concepción hasta aproximadamente los tres años de edad. Las circunstancias de sus padres, sus creencias sobre la paternidad, las preocupaciones del momento y las memorias de los árboles genealógicos de ambos influirán en el Proyecto Sentido del bebé.

Influirán también las preguntas que se puede plantear la mamá desde la concepción del bebé hasta su alumbramiento: ¿Voy a poder proteger a mi bebé si está fuera de mi útero? ¿Seré yo capaz de darle un hogar? ¿Ayudará este bebé con su presencia fuera de mi vientre a que su padre pase más tiempo conmigo? ¿Por qué ha tardado tanto en nacer? ¿Quería yo realmente ser mamá?

 

Sanar las memorias uterinas

Todos tenemos un Proyecto Sentido que explica nuestra misión en la vida en función de lo que nuestra familia esperara de nosotros y por qué creemos nosotros que hemos venido al mundo. Por ejemplo, si mi mamá pasaba mucho tiempo sola porque mi papá trabajaba mucho, quizás yo creo que he venido al mundo a hacerle compañía a mi mamá, cuando ella realmente  estaba llamando la atención de su compañero. Esto me puede afectar en que me puedo convertir en una mujer que tiene dependencia emocional con su madre y que no me separo de ella. Me puede costar encontrar pareja, porque inconscientemente no quiero dejar sola a mi mamá. Y si, supongamos, a mis dos años de vida mi papá abandonó a mi mamá y se fue con otra mujer con la que fundó otra familia, inconscientemente mi mamá me rechazará porque no conseguí que mi papá se quedara en casa. La situación que se puede dar es que mi mamá y yo discutamos mucho y nos echemos cosas en cara, y al mismo tiempo estaré toda la vida buscando su aprobación para todo.

Todas estas memorias son inconscientes, pero las tenemos y nos afectan en todas las áreas de nuestra vida. Conocer nuestro Proyecto Sentido nos ayuda a conocernos y a entender a nuestros padres, partiendo siempre de la premisa de que siempre hicieron las cosas lo mejor que pudieron.

 

Bella imagen extraída de aquí

 

 

Sanar el Proyecto Sentido

Sabiendo cuál es mi Proyecto Sentido, puedo tomar conciencia de los miedos y bloqueos que tengo y puedo decidir si quiero o no mantenerlos. Trabajar el Proyecto Sentido supone una investigación profunda  en nuestras memorias y a las memorias de nuestro árbol genealógico, depurando y liberando historias que influyen a las personas implicadas. En otras palabras, sanar mi Proyecto Sentido me libera  a mí y también a mis padres, y si mis memorias afectan a otras personas de mi árbol, también los libera. 

El parto puede ser una experiencia traumática o poética, dependiendo de la conciencia que tengamos, de cómo hayamos vivido el embarazo y de los medios que pongamos para disfrutar de un parto en armonía con facilitadores preparados para ello, como son las doulas. Tomando presencia en mis emociones, poniendo cuidado en lo que me digo, viviendo de la manera más natural y auténtica mi embarazo y aceptando los pensamientos y momentos en los que me siento mejor  y peor, ayudaré a que el Proyecto Sentido de mi bebé sea lo menos negativo posible, sin culparme tampoco de las creencias perjudiciales que herede (porque nunca el Proyecto Sentido va a ser perfecto como queremos que sea, pero lo será porque traerá el programa específico que debemos trabajar en esta vida) y el parto puede convertirse si así lo deseo en un recuerdo poético.

Meditación: Conectar con mi Diosa

Te regalo una meditación sencillita para conectar con tu Diosa interior, ¿nos preparamos?

Como preludio, te comento que una meditación es un ritual, ya que buscamos algo con ella, desde estar centradas en nosotras como conectar con nuestra Diosa interior. Para completar este artículo te invito a que leas también este otro aquí en mi Blog, Pautas para un ritual.

Empezamos limpiando el ambiente con incienso o palo santo. Para conectar con la  Diosa, a mí me gustan olores como rosa, canela, jazmín o artemisa. Déjate llevar y elige el que más vibre contigo. El aroma dice mucho del carácter de tu Diosa.

Puedes trabajar con Diosas arquetípicas como Lakshmi, Iemanjá o Hécate, incluso con los Arquetipos Menstruales. Te propongo en esta ocasión que no uses referencias, deja que la Diosa se revele con su perfecta imagen.

Elige una música que te inspire, que te ayude a concentrarte y por supuesto que te guste. Si te gustan los mantras, tienes por ejemplo a Deva Premal, si prefieres que sólo sea instrumental, hay muchas listas de reproducción en diferentes plataformas musicales.

Enciende una vela del color que más te guste, siéntate cómodamente o túmbate, lo que te pida el cuerpo, toma una respiración profunda y ábrete a disfrutar.

 

 

1.- Toma una respiración profunda, llevando el aire desde tu nariz hasta el estómago. Retenlo un momento, para después expulsarlo lentamente por la boca. Repite esta acción tres veces.

2.- Sigue consciente de tu respiración, mientras vas permitiendo que el cuerpo se relaje. Toma conciencia del peso del mismo y recuerda que eres hija de la Madre Tierra, que tus raíces te unen a ella.

3.- Desde esas raíces toma la energía que la Madre Tierra te envía. Déjala que suba por tus piernas y que, poco a poco, vaya atravesando y activando tus chakras, uno a uno, empezando por el perineo, siguiendo por el Útero, a continuación el estómago, luego el corazón, la garganta, el tercer ojo y finalmente la corona de tu cabeza, por donde esa energía saldrá de tu cuerpo.

4.- Permítete acompañar a esa energía en su ascenso hacia esos planos sutiles de existencia donde reside la divinidad en su más inmensa plenitud. Observa y reconocerás  el espacio en el que te encuentras: un bosque, una playa, o un espacio especial para ti, como tu habitación, o la casa de tu infancia. Tu espacio sagrado tiene la forma y los colores que tú decidas que tengan.

5.- Siéntate cómodamente y llama a la Diosa, invítala a que te acompañe. Deja que llegue, y obsérvala. Fíjate bien, quizás su rostro es nuevo o ya lo conoces. Puede ser la Diosa arquetípica con la que trabajas, o una ancestra, o incluso puede que seas tú misma. No te sorprendas si fuera así, pues nuestra Diosa interior reside dentro de nosotras.

6.- Abrázala, tómala de las manos y escucha lo que ella te quiera decir. Pregúntale y ábrete a recibir sus respuestas, más allá de este bello ejercicio de meditación. Permanece en la compañía de la Diosa todo el tiempo que necesites.

7.- Una vez que vuestro encuentro llegue a su fin, despídete de ella como lo sientas y recibe de sus manos una bola de energía que llevarás contigo en tu camino de regreso.

8.- Empieza a descender por el mismo camino por el que llegaste acompañando a la energía de la Madre Tierra. Llega hasta tu corona y desciende por todo tu cuerpo, volviendo a encontrarte con la Madre Tierra. Entrégale a ella la bola de energía que te regaló la Diosa.

9.- Recibe de la Madre Tierra otra bola de energía un poco más pequeña, la cual portarás en tu camino de ascenso por tus raíces que dan entrada a tu cuerpo hasta que llegues a tu corazón, atravesando piernas, perineo, Útero y estómago. Siéntete enraizada y conectada con la energía divina.

10.- Coloca las manos en tu corazón, agradece la energía de la Diosa y de la Madre Tierra, agradécete  el haberte permitido conectar con tu parte divina y, cuando te sientas preparada, toma una respiración profunda, dibuja una sonrisa en tu rostro, abre los ojos y sé bienvenida.

 

Es posible que este tipo de meditación te dé hambre, si es así, no te prives. Tu única misión a partir de ahora es disfrutar y seguir los impulsos de tu corazón, que son los mismos que los de tu Diosa.

La Madre

Dedico la primera Luna Llena del blog a hablar del arquetipo de la Madre. Aunque ya realicé una pequeña introducción sobre este arquetipo, en esta ocasión quiero dedicarle una entrada en exclusiva.

¿Quién es La Madre?

La Madre se corresponde con el amor pleno y generoso. Tras el periodo de expansión y conexión con el mundo que supone la preovulación,  la energía del Útero se vuelca en nutrir, cuidar y maternar. 

La Madre se relaciona con la abundancia en todos sus aspectos, puesto que el amor es infinito, en generoso. Es una fase ideal para trabajar el vínculo con la tierra, con mi lugar, y encontrarme en él, cuidando mi autoestima. A diferencia de la Doncella, la Madre se comunica mediante la escucha, aunque exprese igualmente lo que siente.

La Madre es creativa, se vuelca en su espacio personal, en su casa, y aviva el fuego de su hogar. Es un momento perfecto para unir vínculos con nuestra madre física.

 

 

En cuanto a la sexualidad, la Madre se entrega con plenitud y mucho romanticismo. Disfruta, comparte y atiende a su compañero. Las relaciones son tiernas y amorosas. Por otro lado, también es una fase muy salvaje puesto que el instinto pide que el óvulo sea fecundado, por lo que la ternura amorosa del arquetipo no impide que a nivel físico haya mucha pasión.

La Madre se manifiesta durante la fase ovulatoria. En un ciclo menstrual regular, sería desde el décimo cuarto día hasta el vigésimo primero aproximadamente.

La estación ligada a la Madre es el verano, relacionada con la plenitud de los frutos que empezaron a brotar en primavera. Su color es el rosa y las fiestas wiccanas son Litha y Lammas.

Si te gusta meditar con diosas, para conectar con la Madre puedes elegir a la que para ti la represente. Algunas de ellas son Deméter, diosa griega de la agricultura, cuyo nombre significa en griego «Diosa Madre», y Durga, diosa hindú del amor y madre nutricia, aunque su faceta guerrera y justiciera pueda también relacionarla con la Doncella. En los cultos de los Orixás (Batuque, Candomblé y Santería, entre otros) la Orixá que se identifica con la Madre es Oxum. Mujer de miel, madre, protectora, cariñosa, dulce, pero tan bella como vanidosa. Al ser reina, es elegante y poderosa. Sabe enamorar a través de su arte más preciado, del que legó un sacerdocio a sus hijas: la cocina. Diosa de las aguas dulces y de la abundancia. Rige los ríos y cascadas. 

 

Oxum, Reina de la Abundancia. Imagen extraída de Google Images

 

Y tú, ¿reconoces a tu Madre? ¿Cómo la vives? ¿Qué diosa o diosas te gustan para este arquetipo?