Aborto: el fin de un proyecto

Deseado o no, un aborto implica un final. Cuando se decide conscientemente, el aborto puede suponer una liberación. Cuando sucede de manera espontánea, una decepción. Sea como fuere, se trata de un final.

El concepto de aborto

Un aborto supone la interrupción de un embarazo cuando el feto aún no ha alcanzado el sexto mes, que es cuando obtiene el desarrollo suficiente para sobrevivir y desarrollarse. A partir de este momento, la muerte del feto se considera parto prematuro, lo que no significa que todos los partos prematuros sean abortos, sino no existirían los sietemesinos.

Un aborto puede ser espontáneo, produciéndose un pequeño parto (similar al sangrado menstrual, el cual también es un tipo de parto), provocado o terapéutico, en casos donde el embarazo supone un riesgo para la salud de los implicados.

Una decisión de mutuo acuerdo

Sin entrar en la polémica legal de la práctica del aborto, este acto es consecuencia de una decisión inconsciente entre la madre y el bebé. A nivel del alma, esa mujer no está preparada para ser mamá  y ese bebé ha venido  a esta vida a no nacer. Creas o no en la reencarnación, basándonos en las órdenes del amor de la que hablan terapias de sanación como las Constelaciones Familiares o el Transgeneracional y el Proyecto Sentido, los eventos que ocurren dentro de un sistema familiar muestran el sistema de patrones y creencias que el mismo alberga. En el caso de un aborto, vemos miedo.

Una madre temerosa

¿Qué puede pasar si me quedo embarazada? Puede que mi compañero sexual no desee quedarse conmigo, porque “esto no fue lo que decidimos”. Puedo decepcionar a mis padres, “con lo brillante que era tu carrera y ahora lo has tirado todo por la borda” o quizás el asunto está en mí, porque “estaré atada a este niño de por vida”, o “cómo voy a hacerme cargo yo de este bebé si soy incapaz de hacerme cargo de mí”, o, “ahora que decido separarme va y pasa esto”. Cuidado, estas creencias te pueden llevar  a desarrollar miomas y endometriosis, entre otros desajustes.

Proyecto fallido

¿Qué siento cuando tengo un proyecto propio entre manos y éste fracasa, se desmorona, falla? Frustración, rabia, impotencia. Culpa. Esta situación me vino grande, no era mi momento, no estaba preparada. O no era lo que yo quería pero era lo que me correspondía  o se esperaba de mí. ¿Y qué pasa si no tengo otra oprtunidad? ¿Qué pasa si dejé escapar ese tren? Pues que a lo mejor no era tu tren, o no era ese vagón. La culpa aparece cuando sentimos que hemos fallado, pero al mismo tiempo ese fallo ha venido porque no nos hemos escuchado.

Un parto liberador

Si te has practicado un aborto o lo has sufrido de manera involuntaria, envíale luz a ese alma que ya no está en tu vientre. No se trata de culpar o defender una decisión en el caso de haberlo elegido, sino de cerrar un ciclo. Si ese bebé que no tenía como destino el nacer estuvo en tu vientre, era porque le correspondía. Mediante el reconocimiento y agradecimiento por su corta pero importante labor, sanarás tu historia de culpa y dolor. Realiza un acto psicomágico, escríbele una carta, comunícate con las memorias de ese feto con una sesión de ThetaHealing, y permítete abrir un nuevo ciclo en tu vida sabiendo que hiciste lo que mejor sabías hacer en ese momento concreto.

Cándida, o el eclipse de mi luz pura

Cándida, término usado para una persona ingenua, inocente. De origen latino, este término se traduce como brillo por su pureza e incandescencia. Evidentemente, esto se explica por el color blanquecino de esta levadura infecciosa vaginal, porque el significado emocional alude justamente a todo lo contrario.

Memorias de asco

La candidiasis, nombre que recibe la infección vaginal provocada por la cándida, está relacionada con experiencias de carácter sexual, haya habido o no contacto físico, en las que me he sentido culpable y sucia. Quizás cedí contra mi voluntad en alguna práctica con mi amante, o abusaron físicamente de mí, o me sentí abusada. Sea como fuere, el resultado es que no manifesté mi malestar, no me pude defender, y a la vez que me convertí en la víctima me siento culpable por haber provocado o formado parte de esa situación. Si sé desde pequeña que si salgo con minifalda me pueden violar, en el momento que me ponga una minifalda y salga a la calle, si me violan, seré víctima y culpable al mismo tiempo. No me cuidé, provoqué esa situación, por lo que solo puedo sentir vergüenza y asco hacia mí misma. Mi sexualidad está putrefacta, tanto como la levadura espesa y a veces maloliente que mi vagina está vomitando.

Culpa, represión y autorrechazo

Una Mujer que se siente culpable por vivir experiencias sexuales que no desea pero de las que se siente responsable tiende a reprimir su sexualidad o a (mal)expresarla en exceso. En ambos casos, la Mujer se negará su propio deseo y castigará su naturaleza sexual, porque se negará por completo a ella o porque se dedicará a volcarse en el placer de su amante sin tomar el suyo en cuenta, no permitiendo incluso recibirlo, porque no es merecedora de él, no se lo ha ganado. Porque su cuerpo está sucio. Es posible que la persona con la que comparto cama me haga daño emocionalmente, como ya me hicieron antes, por lo que la cándida acude a protegernos para que las relaciones sean dolorosas y que la irritación y la sensación de suciedad alejen a la persona “agresora”.  Me niego de esta manera no sólo el placer sexual, sino la apertura hacia la otra persona y también hacia mí misma. Si no recibo en plenitud, tampoco daré de la misma manera. Podré ser la mejor amante, pero daré desde la carencia de que no quiero sentirme rechazada.

Mi luz pura y radiante

Como Mujer que soy, tengo todo el derecho de ponerme una minifalda y salir a la calle sin miedo. Son los demás los que no tienen derecho de invadir mi espacio y mi cuerpo No soy responsable y mucho menos culpable de ceder sexualmente, porque nos han enseñado a ser complacientes. Sólo tengo que conocer cuáles son mis límites y practicar un ejercicio de amor puro hacia mí misma, para que cuando mi cuerpo y mi alma digan no, que así se cumpla.

Soy merecedora del placer, tanto que una parte de mi bella vulva sólo sirve para despertarlo. No hay historia sexual que pueda manchar mi expediente de vida si sé mirarlas y extraer el aprendizaje de ella, siempre bajo la premisa de hice (o no) las cosas lo mejor que pude y supe en ese momento. Merezco mi perdón y mi abrazo incondicional, no  me expongo a recibir una lapidación a modo de castigo porque no son los demás los que me van a tirar piedras, sino que yo misma me las arrojaré y proveeré al resto de aquello que más daño me haga para que me ayuden a castigarme. Soy cándida, soy luz pura y radiante, y como tal, merezco, acepto y abrazo el perdón, el placer y el amor incondicional.