Meditación: Conectar con mi Diosa

Te regalo una meditación sencillita para conectar con tu Diosa interior, ¿nos preparamos?

Como preludio, te comento que una meditación es un ritual, ya que buscamos algo con ella, desde estar centradas en nosotras como conectar con nuestra Diosa interior. Para completar este artículo te invito a que leas también este otro aquí en mi Blog, Pautas para un ritual.

Empezamos limpiando el ambiente con incienso o palo santo. Para conectar con la  Diosa, a mí me gustan olores como rosa, canela, jazmín o artemisa. Déjate llevar y elige el que más vibre contigo. El aroma dice mucho del carácter de tu Diosa.

Puedes trabajar con Diosas arquetípicas como Lakshmi, Iemanjá o Hécate, incluso con los Arquetipos Menstruales. Te propongo en esta ocasión que no uses referencias, deja que la Diosa se revele con su perfecta imagen.

Elige una música que te inspire, que te ayude a concentrarte y por supuesto que te guste. Si te gustan los mantras, tienes por ejemplo a Deva Premal, si prefieres que sólo sea instrumental, hay muchas listas de reproducción en diferentes plataformas musicales.

Enciende una vela del color que más te guste, siéntate cómodamente o túmbate, lo que te pida el cuerpo, toma una respiración profunda y ábrete a disfrutar.

 

 

1.- Toma una respiración profunda, llevando el aire desde tu nariz hasta el estómago. Retenlo un momento, para después expulsarlo lentamente por la boca. Repite esta acción tres veces.

2.- Sigue consciente de tu respiración, mientras vas permitiendo que el cuerpo se relaje. Toma conciencia del peso del mismo y recuerda que eres hija de la Madre Tierra, que tus raíces te unen a ella.

3.- Desde esas raíces toma la energía que la Madre Tierra te envía. Déjala que suba por tus piernas y que, poco a poco, vaya atravesando y activando tus chakras, uno a uno, empezando por el perineo, siguiendo por el Útero, a continuación el estómago, luego el corazón, la garganta, el tercer ojo y finalmente la corona de tu cabeza, por donde esa energía saldrá de tu cuerpo.

4.- Permítete acompañar a esa energía en su ascenso hacia esos planos sutiles de existencia donde reside la divinidad en su más inmensa plenitud. Observa y reconocerás  el espacio en el que te encuentras: un bosque, una playa, o un espacio especial para ti, como tu habitación, o la casa de tu infancia. Tu espacio sagrado tiene la forma y los colores que tú decidas que tengan.

5.- Siéntate cómodamente y llama a la Diosa, invítala a que te acompañe. Deja que llegue, y obsérvala. Fíjate bien, quizás su rostro es nuevo o ya lo conoces. Puede ser la Diosa arquetípica con la que trabajas, o una ancestra, o incluso puede que seas tú misma. No te sorprendas si fuera así, pues nuestra Diosa interior reside dentro de nosotras.

6.- Abrázala, tómala de las manos y escucha lo que ella te quiera decir. Pregúntale y ábrete a recibir sus respuestas, más allá de este bello ejercicio de meditación. Permanece en la compañía de la Diosa todo el tiempo que necesites.

7.- Una vez que vuestro encuentro llegue a su fin, despídete de ella como lo sientas y recibe de sus manos una bola de energía que llevarás contigo en tu camino de regreso.

8.- Empieza a descender por el mismo camino por el que llegaste acompañando a la energía de la Madre Tierra. Llega hasta tu corona y desciende por todo tu cuerpo, volviendo a encontrarte con la Madre Tierra. Entrégale a ella la bola de energía que te regaló la Diosa.

9.- Recibe de la Madre Tierra otra bola de energía un poco más pequeña, la cual portarás en tu camino de ascenso por tus raíces que dan entrada a tu cuerpo hasta que llegues a tu corazón, atravesando piernas, perineo, Útero y estómago. Siéntete enraizada y conectada con la energía divina.

10.- Coloca las manos en tu corazón, agradece la energía de la Diosa y de la Madre Tierra, agradécete  el haberte permitido conectar con tu parte divina y, cuando te sientas preparada, toma una respiración profunda, dibuja una sonrisa en tu rostro, abre los ojos y sé bienvenida.

 

Es posible que este tipo de meditación te dé hambre, si es así, no te prives. Tu única misión a partir de ahora es disfrutar y seguir los impulsos de tu corazón, que son los mismos que los de tu Diosa.

La Bruja

Dedico la primera Luna Nueva del blog a hablar del arquetipo de La Bruja, también llamada Anciana o Sabia. Aunque ya realicé una pequeña introducción sobre este arquetipo, en esta ocasión quiero dedicarle una entrada en exclusiva.

 

¿Quién es La Bruja?

La Bruja se corresponde con la introspección y limpieza . Tras el periodo exploración y experimentación que supone la premenstruación,  la energía del Útero se vuelca en depurar y soltar. 

La Bruja se relaciona con el retiro, en el que se hace un balance del ciclo y se desecha todo aquello que no será necesario a partir de ese momento. Desciende la energía física, predomina la calma y la necesidad de soledad. Es el momento de aceptar el pasado  puesto que se experimentará una sensación de pérdida.

Se experimenta una pequeña muerte con duelo,  la destrucción desde los cimientos, pues la Bruja viaja a los niveles más profundos de su conciencia, donde integra los cambios y crece y evoluciona a partir de ellos.

 

 

En cuanto a la sexualidad, la Bruja es espiritual. Los orgasmos con ella son intensos, porque es capaz de conectar a la Mujer con sus cuatro arquetipos: la actividad de la Virgen, la entrega de la Madre, la pasión de la Hechicera y la liberación de la Bruja. 

La  Bruja se manifiesta durante la fase menstrual. En un ciclo menstrual regular, serían todos los días que dure el sangrado, suponiendo el fin de un ciclo. 

La Bruja es una Mujer conectada consigo misma, con su propia sabiduría. Se conecta con aquello que la representa, sus fetiches, símbolos y amuletos. Se alimenta de lo que quiere, porque es lo que necesita. Se muestra hasta donde ella desea, creando así su propio mundo.

La estación ligada a la Bruja es el invierno, relacionada el recogimiento introspectivo. Su color es el rojo y las fiestas wiccanas son Imbolc y Yule.

Si te gusta meditar con diosas, para conectar con la Bruja puedes elegir a la que para ti la represente. Algunas de ellas son Hécate, diosa griega relacionada entre otras cosas con los partos (¿y no es acaso menstruar parir lo que desechamos?) y la brujería, e Isis, diosa egipcia considerada como Gran Madre dadora de vida (sin menstruación no hay vida) y Gran Maga. En  los cultos de los Orixás (Batuque, Candomblé y Santería, entre otros) la Orixá que se corresponde con la Bruja es Iemanjá. Mujer de agua, principio femenino y base de la vida. Es el amor puro e incondicional. Rige el agua salada de los mares y océanos y la luna. Iemanjá cría a los hijos con amor pero con disciplina, deja espacio para que la criatura se convierta en un ser independiente, con una esencia dominante y a veces autoritaria (como es ella). Aunque se ha quedado embarazada, parir no está entre sus habilidades, normalmente cría hijos nacidos de otros vientres. Como madre protectora, acerca todo aquello que es bueno o necesario en la vida de sus hijos pero también retira lo que sobra o cumplió su función, todo ello sin miramientos. Es una mujer sabia e introspectiva, pues posee el don de la intuición y del conocimiento de las ciencias esotéricas. 

 

Iemanjá, Reina Sirena del Mar. Imagen extraída de Google Images

 

Y tú, ¿reconoces a tu Bruja? ¿Cómo la vives? ¿Qué diosa o diosas te gustan para este arquetipo?