La poética del parto

Fíjate qué curioso: pasamos nuestros primeros nueve meses de existencia en el vientre de mamá. Allí nos convocan cuando nos crean y en ese mismo espacio de calor y protección empezamos a tomar forma. Una vez que estemos preparadas para salir al mundo, mamá nos acompañará  a la puerta de salida mediante el parto. Años más tarde lo volverá a hacer, cuando seamos adultas y podamos hacernos cargo de nosotras mismas.

La separación

Cuando se produce un parto, el bebé llora desconsoladamente mientras la madre grita de dolor como culminación a horas previas de dilatación y contracciones. Si está el padre presente, agarra la mano de la parturienta o, como muestran en algunas películas, se desmaya. Hay mucha sangre, cuidados máximos para que el recibimiento del bebé sea perfecto, y una vez que se corta el cordón umbilical, la madre cae rendida de agotamiento en la cama. ¿De verdad que esa experiencia de dolor, gritos, sangre por doquier y llantos nos deja un recuerdo hermoso y maravilloso?

El parto supone a nivel emocional una experiencia traumática de separación entre la mujer y el ser que se ha formado dentro de ella. El útero ha creado un hogar seguro y acogedor para este pequeño ser, pero llega un momento en el que la naturaleza obliga a que el hijo abandone el primer hogar materno y se enfrente al mundo como individuo independiente.

 

 

 

El Proyecto Sentido

Forma parte de la poética del parto cómo se presenta el bebé al mundo: de nalgas, con el cordón umbilical  enrollado en el cuello, o incluso si nace rápido, si se hace esperar, si es prematuro, o si precisa cesárea. El bebé también se manifiesta  y muestra con su llegada lo que dicen sus memorias. Quizás sus padres esperaban un sexo diferente al que este bebé trae, o está evocando la idea de aborto que se planteó la madre en algún momento, o el miedo «a lo que se viene encima» de unos padres primerizos. Estas ideas forman parte del Proyecto Sentido, término que define las memorias psicoemocionales del bebé desde antes de su concepción hasta aproximadamente los tres años de edad. Las circunstancias de sus padres, sus creencias sobre la paternidad, las preocupaciones del momento y las memorias de los árboles genealógicos de ambos influirán en el Proyecto Sentido del bebé.

Influirán también las preguntas que se puede plantear la mamá desde la concepción del bebé hasta su alumbramiento: ¿Voy a poder proteger a mi bebé si está fuera de mi útero? ¿Seré yo capaz de darle un hogar? ¿Ayudará este bebé con su presencia fuera de mi vientre a que su padre pase más tiempo conmigo? ¿Por qué ha tardado tanto en nacer? ¿Quería yo realmente ser mamá?

 

Sanar las memorias uterinas

Todos tenemos un Proyecto Sentido que explica nuestra misión en la vida en función de lo que nuestra familia esperara de nosotros y por qué creemos nosotros que hemos venido al mundo. Por ejemplo, si mi mamá pasaba mucho tiempo sola porque mi papá trabajaba mucho, quizás yo creo que he venido al mundo a hacerle compañía a mi mamá, cuando ella realmente  estaba llamando la atención de su compañero. Esto me puede afectar en que me puedo convertir en una mujer que tiene dependencia emocional con su madre y que no me separo de ella. Me puede costar encontrar pareja, porque inconscientemente no quiero dejar sola a mi mamá. Y si, supongamos, a mis dos años de vida mi papá abandonó a mi mamá y se fue con otra mujer con la que fundó otra familia, inconscientemente mi mamá me rechazará porque no conseguí que mi papá se quedara en casa. La situación que se puede dar es que mi mamá y yo discutamos mucho y nos echemos cosas en cara, y al mismo tiempo estaré toda la vida buscando su aprobación para todo.

Todas estas memorias son inconscientes, pero las tenemos y nos afectan en todas las áreas de nuestra vida. Conocer nuestro Proyecto Sentido nos ayuda a conocernos y a entender a nuestros padres, partiendo siempre de la premisa de que siempre hicieron las cosas lo mejor que pudieron.

 

Bella imagen extraída de aquí

 

 

Sanar el Proyecto Sentido

Sabiendo cuál es mi Proyecto Sentido, puedo tomar conciencia de los miedos y bloqueos que tengo y puedo decidir si quiero o no mantenerlos. Trabajar el Proyecto Sentido supone una investigación profunda  en nuestras memorias y a las memorias de nuestro árbol genealógico, depurando y liberando historias que influyen a las personas implicadas. En otras palabras, sanar mi Proyecto Sentido me libera  a mí y también a mis padres, y si mis memorias afectan a otras personas de mi árbol, también los libera. 

El parto puede ser una experiencia traumática o poética, dependiendo de la conciencia que tengamos, de cómo hayamos vivido el embarazo y de los medios que pongamos para disfrutar de un parto en armonía con facilitadores preparados para ello, como son las doulas. Tomando presencia en mis emociones, poniendo cuidado en lo que me digo, viviendo de la manera más natural y auténtica mi embarazo y aceptando los pensamientos y momentos en los que me siento mejor  y peor, ayudaré a que el Proyecto Sentido de mi bebé sea lo menos negativo posible, sin culparme tampoco de las creencias perjudiciales que herede (porque nunca el Proyecto Sentido va a ser perfecto como queremos que sea, pero lo será porque traerá el programa específico que debemos trabajar en esta vida) y el parto puede convertirse si así lo deseo en un recuerdo poético.

Imo, la centésima mona

Si hay un libro que nos sirve de base y pilar a quienes hemos abierto alguna vez un Círculo de Mujeres es El millonésimo círculo, de Jean Shinoda Bolen. Lectura casi ritualística en estos espacios suele ser la historia del centésimo mono, para explicar y entender cómo un círculo nace, se manifiesta y se expande.

 

Las memorias colectivas

La teoría del campo mórfico de Sheldrake dice que existe una memoria colectiva debido a que todos estamos unidos al mismo campo mental, por lo que, cuando sucede algún acontecimiento crítico o decisivo, las consecuencias de dicho cambio afectan a todos los integrantes del campo mental. Tanto los seres humanos como los demás animales y plantas participan de esta memoria colectiva. El cambio introducido provocará un nuevo patrón de conducta que se integrará en todos los componentes porque resuenan con la egrégora, el campo energético, creado y compartido. En otras palabras, estoy hablando del inconsciente colectivo de Jung.

 

Imo, la pionera

Imo es una mona que alteró la memoria colectiva de su raza a raíz de un cambio de comportamiento espontáneo. Resulta que tanto ella como su comunidad eran objeto de estudio para un grupo de científicos. Una serie de islas de Japón estaban ocupadas por diferentes colonias de monos, y para poder realizar sus investigaciones, los científicos les arrojaban boniatos para que los monos bajaran de los árboles y así verlos en su totalidad. En una ocasión, Imo, supongo que hallándose en su fase de Doncella, realizó una acción pionera: mojó su boniato en el mar con el fin de limpiarlo de arena y pesticidas, y se lo comió, descubriendo el delicioso sabor que la sal daba al tubérculo. Le gustó tanto que decidió enseñárselo a su familia, propagándose el descubrimiento rápidamente por toda la isla y convirtiéndose en costumbre. 

Los científicos descubrieron que los monos aprendían por imitación, pero lo realmente sorprendente fue descubrir que, otros monos de otras islas, empezaron de repente a lavar también sus boniatos en el mar, como si llevasen toda la vida haciéndolo. No fue Imo quien les enseñó personalmente, pero sí que provocó con su acto pionero este cambio de actitud más allá de su comunidad. Entonces sí podemos decir que fue Imo quien les enseño.

Imo es la centésima mona, la que inclinó la balanza cuando al realizar algo que se salía de su rutina y confort provocó que toda la comunidad cambiase. Un pequeño cambio puede provocar otros enormes. Y un montón de pequeños cambios, un montón de centésimos monos imagina todo lo que pueden llegar a mover.

 

 

El millonésimo círculo

El círculo de mujeres (o mixto, el que resuene contigo) al que asistas será el millonésimo de tantos que  han surgido antes, desde tiempos inmemoriales, y te aseguro que no será el último. El Círculo al que asistes es consecuencia de la acción de Imo, y muy probablemente tu Círculo será otra centésima mona más. También puedes ser tú Imo, si abres otro círculo a consecuencia de haber estado en alguno o porque has leído El millonésimo círculo y te has inspirado.

 

El círculo ancestral

Cada vez que abrimos un círculo, al ser el millonésimo, estamos invocando a los círculos que fueron abiertos y a todos sus integrantes. Cada círculo tiene memoria colectiva, y al ser invocados traen esas memorias consigo. Es por ello que los círculos son ancestrales, porque traen las voces del pasado y se integran en el presente, y lo que hagamos y digamos en el círculo quedarán plasmado como memoria ancestral para los círculos que se abrirán después y a partir del nuestro. Si lo piensas, ¡los círculos son contagiosos!

Para abrir un círculo, no necesitas más que sentir la llamada en tu interior. Si tienes ese deseo, es porque el arquetipo del círculo y todas las voces y memorias que éste acumula te están llamando. Escucha y sigue ese pedido y no te preocupes de organizar y facilitar un mejor  o peor círculo, simplemente ponte en acción, porque tal y como salga será perfecto. ¡No puede ser de otra manera!

 

 

Mi círculo en mí

En el círculo, lo único que hay que hacer es ser una misma. Vamos al círculo para ser nosotras mismas, y así nutrir y nutrirnos de todas las personas presentes. Buscamos el bienestar, el apoyo y la comprensión de quienes quieren vivir lo mismo y crear comunidades más sanas y puras. En el círculo se puede meditar, realizar alguna actividad conjunta como tejer (las Mujeres tejemos lazos de sororidad), escucharnos unas a otras o reírnos. El círculo se va manifestando y va dando carácter al grupo. Se inicia cuando así se siente y decide, se realizan las sesiones que se pidan por parte de las integrantes, y cuando llega a su fin, se cierra con todo el amor incondicional del Universo. Todo lo que en él pase es sagrado y pasa a formar parte de las memorias colectivas del círculo. 

 

Cierra los ojos, llévate las manos al corazón, toma una respiración profunda y pregúntate: ¿Te están llamando las memorias ancestrales del círculo?

Amenorrea: cuando mi menstruación decide no bajar

Eres una mujer fértil, en edad de menstruar, más o menos regular, siempre a tu manera y con tu calendario (recuerda que no existe el ciclo menstrual perfecto de 28 días, o al menos la mayoría no lo seguimos). Menstrúas un mes, y al siguiente, pero al próximo ya no, y tampoco al que sigue, y al siguiente manchas, y después dejas de menstruar. Pero no notas síntomas menopáusicos, no tienes sofocos, ni cansancio excesivo, ni sudores exagerados, ni sequedad vaginal, aunque sí un poco de tristeza, de melancolía, de malestar emocional. Vas al ginecólogo y te detecta amenorrea, por un desajuste hormonal, así que te regula las hormonas posiblemente con una píldora anticonceptiva que te provocará un ciclo perfecto de 28 días, con una sangre roja y bien limpia y sin dolor, porque lo que estás teniendo es una falsa menstruación, que servirá para enseñarle a tu aparato reproductor nuevamente el hábito de menstruar. A mí no me gusta cómo suena, ¿y a ti?

 

 

Vamos a empezar por el principio: ¿Qué es la amenorrea?

Es la ausencia de menstruación debido, en la mayoría de los casos, a la baja producción de las hormonas menstruales, estrógeno y progesterona. A veces colabora la prolactina, la hormona que participa en la segregación de leche materna. Podemos encontrar dos tipos de amenorrea, una llamada primaria que se da en mujeres que no han menstruado nunca, y la secundaria, que la padecen aquéllas que sí son cíclicas, incluso después de haber parido. Cabe destacar al respecto que también se considera amenorrea a la ausencia de menstruación durante el embarazo, la lactancia y la plenopausia,  pero fisiológicamente es algo normal, por lo que no es preocupante.

Encontramos diferentes motivos físicos que nos conducen a padecer amenorrea, por ejemplo que no se produzcan óvulos, por un tumor en los ovarios, por antidepresivos, o por padecer anorexia o anisedad.

 

¿Qué me está diciendo la amenorrea?

El ciclo menstrual al completo, como sabes, empieza con la formación del óvulo y termina con la expulsión del mismo en el sangrado. En otras palabras, empieza con la Doncella y termina con la Bruja. El cuerpo se prepara para producir un óvulo, madurarlo, desprenderlo de la trompa de Falopio, envolverlo en el endometrio y finalmente expulsarlo, pero la amenorrea hace que el último paso no se produzca. Es más, se pueden incluso sentir los dolores premenstruales en todo su esplendor, pero no hay expulsión con la hemorragia, no hay liberación. No hay Bruja que valga, porque no soltamos nada. ¿Qué estamos reteniendo, de qué no nos estamos liberando?

 

La sangre es vida, es regeneración. Es el órgano (porque así está considerada) que lleva el alimento y el oxígeno a todo el cuerpo, recogiendo y depurando las diferentes toxinas que se producen y acumulan dentro de él. La sangre debe fluir y encontrar su camino. En el caso de la sangre menstrual, su camino es salir del cuerpo con el endometrio y el óvulo no fecundado. Si no permitimos que la sangre siga su curso, no permitimos que el ciclo se complete, cortamos nuestra energía cíclica, cortamos nuestra vida. Cesando nuestro ciclo menstrual cortamos nuestra capacidad de crear, de vivir. No parimos todo lo que hemos gestado con La Madre, por lo que tampoco hacemos catarsis de lo trabajado en La Hechicera, quedándonos enganchadas a ella, como si fuéramos menopáusicas (que no plenopáusicas, porque no hay ni una integración consciente ni tampoco nos corresponde por edad o fisiología). 

La amenorrea también se relaciona con el rechazo a la sexualidad, tanto por infravaloración de la pareja como por creencias relacionadas con sexo y suciedad. ¿Me culpo por no ser o haber sido una buena amante para mi pareja? ¿Merezco por ello un castigo por su parte, como que me engañe con otra persona? A veces podemos estar repitiendo ideas y memorias que tenían las mujeres de nuestro linaje relacionadas con experiencias sexuales que implican dolor. En estos casos es interesante rastrear el árbol genealógico para encontrar el origen de estos patrones y sanarlos de raíz.

La Terapia Menstrual ofrece muchas herramientas para encontrar el origen de la amenorrea en cada caso particular y sanarlo siempre desde el amor y la comprensión hacia las personas implicadas, potenciando siempre el autocuidado, el autorespeto y la autoestima. Mereces vivir conectada con tus arquetipos, mereces vivir tu vida con fluidez y mereces ser y sentir en armonía contigo misma, siempre.

El linaje materno

Como Mujeres, somos formadas en un útero y heredamos en él todas las memorias de nuestro linaje ancestral femenino, es decir, de todas las Mujeres de nuestra familia por parte de madre. Dichas memorias se guardan en el Útero, y en el momento de nuestra menarquía, nuestra primera menstruación, empiezan a aflorar en nosotras. Historias de desamor, traición, abandonos, desvalorización, abusos, se manifiestan en nuestro inconsciente y en nuestra menstruación, llevando a diferentes desequilibrios como la amenorrea, la menorragia o incluso los síntomas premenstruales. De la misma manera, cuando conseguimos estar en paz con nuestra feminidad y nuestro linaje, nuestra menstruación se regula y desaparece el dolor.

El hecho de que no duela no significa que nuestro linaje esté sanado, pero sí que estamos conectadas con nuestra feminidad y que tenemos conciencia de la importancia y energía del Útero.

 

Será así por tanto más fácil acercarnos a nuestro linaje materno. Imagina que las Mujeres, como creadoras de vida que somos, tenemos un pacto establecido con nuestras Mamás, que es el de preservar el clan. De la misma manera, este pacto que se halla en el inconsciente colectivo se lo heredaremos a nuestras hijas. Tenemos un hilo de unión muy fuerte con Mamá, porque es el ejemplo de Mujer que conocemos y porque ella nos ha enseñado como preservar nuestro sistema familiar. Es normal que nos parezcamos a ellas, y que reconozcamos actitudes suyas en nosotras.

 

Separarnos de los patrones que no nos gustan de Mamá y empezar a crear los nuestros supone romper con lo que ella nos ha enseñado, y por tanto, la traicionamos. 

 

 Cuando era niña tenía mucho cuidado de no borrar la escritura de mi madre de la pizarra porque la extrañaría. Joyce Rachelle

 

Y ojo, no estoy hablando solo de enseñanzas conscientes sino sobre todo de aquéllas que nuevamente habitan en el inconsciente colectivo

Por ejemplo, Mamá no fue feliz en su matrimonio, porque Papá la maltrataba. Si yo como Mujer adulta conozco a un hombre maravilloso que me trata bien, posiblemente haré sin darme cuenta todo lo posible por destruir esa relación y buscar un hombre que se parezca a mi padre, y no necesariamente por esa búsqueda de la niña interior hacia su padre o un complejo de Electra, sino para serle fiel a Mamá. Yo no puedo ser feliz en el amor cuando Mamá no lo ha sido, porque entonces me separo de ella, la abandono y renuncio a los mandatos de mi clan. Y es muy probable que a nivel racional cuando le plantee esto a mi Mamá, ella me diga que no sea tonta y que disfrute de mi relación. Pero la fidelidad al linaje materno está por encima de cualquier relación.

Ni que hablar tiene que esta fidelidad al linaje tiene un fuerte matiz patriarcal, porque la Hija que imita los patrones de la Mamá también lo hace con las parejas, y las enseñanzas que heredamos son patriarcales.

Fíjate como las memorias que nombré en el primer párrafo están relacionadas con el amor de pareja. El empoderamiento femenino y en este caso menstrual busca Mujeres que acepten y amen su linaje, que les agradezcan las enseñanzas transmitidas y que le pidan permiso a ese clan femenino para avanzar a su manera, con sus propias creencias. De esta forma, se libera ella y libera incluso a las Mujeres de su estirpe, aunque ya no estén vivas. La Niña Interior que habita en mí se desapega de Mamá y pasa a ser acunada por la Mujer que soy. Con esta sanación, tanto ella como las generaciones posteriores heredarán memorias de autoestima, de firmeza, de amor hacia sí mismas y hacia los demás, y con esta liberación te aseguro que las menstruaciones serán armónicas y nada dolorosas.

 

No tengas miedo de mirarte, hazlo y encuentra a tu Niña Interior. Sonríele y ábrele los brazos, verás como corre amorosamente hacia ellos.