Blog

Mi Tarot Femenino IV: La Justicia

Seguimos conociendo a las Arcanas, y en esta ocasión presentamos a La Justicia. Esta dama de rostro serio se halla sentada en su trono, mirando fijamente a quien la observa. En una mano sostiene una balanza donde pesa los hechos ocurridos que le harán conocer los resultados de las acciones llevadas, mientras que la otra mano empuña una espada, la cual se encuentra no en posición de ataque pero sí dispuesta a actuar en el caso de que la energía de la justicia así lo requiera.

 

Conózcase a sí misma

Como se puede apreciar, esta Mujer no venda sus ojos, porque el juicio que ella emite es exclusivamente suyo. ¿A quién, por tanto, observa La Justicia? A sí misma, bajo el velo de la verdad más absoluta. Si comete engaño será ella la única perjudicada, puesto que no hay más juez que su persona.

Junto con La Prudencia, La Fortaleza y La Templanza, La Justicia es una de las Virtudes Cardinales. Concretamente ella es la primera que se considera tradicionalmente presente en la humanidad sin la intervención de Dios. Es más, Platón decía que sin ella no se podían alcanzar las otras tres Virtudes, y que una vez que se poseían las cuatro era La Justicia la que se encargaba de mantenerlas unidas a todas.

En la Mitología Griega encontramos a la diosa Themis, cuyo nombre significa “ley natural” pues era la que impartía justicia en El Olimpo. La iconografía de la diosa es igual a la de la Arcana. También suele verse en ella a la diosa Atenea, que impartía justicia en su acción bélica, donde encontramos también a La Doncella. En la Edad Media encontramos al Arcángel Miguel, considerado el jefe del ejército celestial y que, al igual que el dios egipcio Osiris, tiene la función de pesar las almas en el Juicio Final.

¿Qué te parecería encontrarte contigo misma y atreverte a mirarte sin miedo, desde la jueza de paz y amor que ya eres?

Tal y como dicta el Oráculo de Delfos: Conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los Dioses

 

Meditación: Conectar con mi Diosa

Te regalo una meditación sencillita para conectar con tu Diosa interior, ¿nos preparamos?

Como preludio, te comento que una meditación es un ritual, ya que buscamos algo con ella, desde estar centradas en nosotras como conectar con nuestra Diosa interior. Para completar este artículo te invito a que leas también este otro aquí en mi Blog, Pautas para un ritual.

Empezamos limpiando el ambiente con incienso o palo santo. Para conectar con la  Diosa, a mí me gustan olores como rosa, canela, jazmín o artemisa. Déjate llevar y elige el que más vibre contigo. El aroma dice mucho del carácter de tu Diosa.

Puedes trabajar con Diosas arquetípicas como Lakshmi, Iemanjá o Hécate, incluso con los Arquetipos Menstruales. Te propongo en esta ocasión que no uses referencias, deja que la Diosa se revele con su perfecta imagen.

Elige una música que te inspire, que te ayude a concentrarte y por supuesto que te guste. Si te gustan los mantras, tienes por ejemplo a Deva Premal, si prefieres que sólo sea instrumental, hay muchas listas de reproducción en diferentes plataformas musicales.

Enciende una vela del color que más te guste, siéntate cómodamente o túmbate, lo que te pida el cuerpo, toma una respiración profunda y ábrete a disfrutar.

 

 

1.- Toma una respiración profunda, llevando el aire desde tu nariz hasta el estómago. Retenlo un momento, para después expulsarlo lentamente por la boca. Repite esta acción tres veces.

2.- Sigue consciente de tu respiración, mientras vas permitiendo que el cuerpo se relaje. Toma conciencia del peso del mismo y recuerda que eres hija de la Madre Tierra, que tus raíces te unen a ella.

3.- Desde esas raíces toma la energía que la Madre Tierra te envía. Déjala que suba por tus piernas y que, poco a poco, vaya atravesando y activando tus chakras, uno a uno, empezando por el perineo, siguiendo por el Útero, a continuación el estómago, luego el corazón, la garganta, el tercer ojo y finalmente la corona de tu cabeza, por donde esa energía saldrá de tu cuerpo.

4.- Permítete acompañar a esa energía en su ascenso hacia esos planos sutiles de existencia donde reside la divinidad en su más inmensa plenitud. Observa y reconocerás  el espacio en el que te encuentras: un bosque, una playa, o un espacio especial para ti, como tu habitación, o la casa de tu infancia. Tu espacio sagrado tiene la forma y los colores que tú decidas que tengan.

5.- Siéntate cómodamente y llama a la Diosa, invítala a que te acompañe. Deja que llegue, y obsérvala. Fíjate bien, quizás su rostro es nuevo o ya lo conoces. Puede ser la Diosa arquetípica con la que trabajas, o una ancestra, o incluso puede que seas tú misma. No te sorprendas si fuera así, pues nuestra Diosa interior reside dentro de nosotras.

6.- Abrázala, tómala de las manos y escucha lo que ella te quiera decir. Pregúntale y ábrete a recibir sus respuestas, más allá de este bello ejercicio de meditación. Permanece en la compañía de la Diosa todo el tiempo que necesites.

7.- Una vez que vuestro encuentro llegue a su fin, despídete de ella como lo sientas y recibe de sus manos una bola de energía que llevarás contigo en tu camino de regreso.

8.- Empieza a descender por el mismo camino por el que llegaste acompañando a la energía de la Madre Tierra. Llega hasta tu corona y desciende por todo tu cuerpo, volviendo a encontrarte con la Madre Tierra. Entrégale a ella la bola de energía que te regaló la Diosa.

9.- Recibe de la Madre Tierra otra bola de energía un poco más pequeña, la cual portarás en tu camino de ascenso por tus raíces que dan entrada a tu cuerpo hasta que llegues a tu corazón, atravesando piernas, perineo, Útero y estómago. Siéntete enraizada y conectada con la energía divina.

10.- Coloca las manos en tu corazón, agradece la energía de la Diosa y de la Madre Tierra, agradécete  el haberte permitido conectar con tu parte divina y, cuando te sientas preparada, toma una respiración profunda, dibuja una sonrisa en tu rostro, abre los ojos y sé bienvenida.

 

Es posible que este tipo de meditación te dé hambre, si es así, no te prives. Tu única misión a partir de ahora es disfrutar y seguir los impulsos de tu corazón, que son los mismos que los de tu Diosa.

Mi Tarot Femenino III: Los Enamorados

En esta ocasión, nuestra tercera Arcana trae presencia masculina. Quizás nos extrañe por tanto que esté incluida, ¿pero no somos acaso femenino y masculino en constante dualidad en equilibrio?

Apreciamos un amorcillo, posiblemente Eros, situado enfrente del Sol, que señala con su flecha a un joven con semblante indeciso, el cual observa a su madre, situada a la izquierda. La señora parece indicarle con la mano una dirección, que conduce hacia la chica que sitúa a la derecha del joven, que parece señalar con una mano a la madre y con la otra se toca el vientre.

 

La decisión

Este Arcano habla de tomar decisiones, de la capacidad de ponerse a prueba para saber qué elección tomar. El joven debe elegir entre su madre, representante de la comodidad, la tranquilidad, la infancia, el pasado, la protección, la zona de confort, lo ya conocido, y la chica de la que está enamorado, que es el futuro, la madurez, el hacerse cargo y responsable de sí mismo, y con el tiempo, su paternidad.

Las dos mujeres representan dos momentos importantes en la vida del joven indeciso. Si lo trasladamos a nuestro presente, la madre nos muestra todo aquello de lo que venimos, donde nos sentimos seguras, mientras que la chica es lo que aún no hemos experimentado pero que en el fondo queremos. De no ser así, ella no habría aparecido, y no tendríamos por tanto ese dilema.

 

Los Enamorados en Mí

Veamos la carta como arquetipo para nuestra evolución en empoderamiento personal: la  Madre es nuestra Bruja, nuestra Anciana, que habla desde la Hechicera pues nos está invitando a liberarnos, a soltar todo lo que nos es caduco. No nos cierra la puerta, de hecho una mano apoya el hombro de quien tiene que tomar la decisión. Decidir no es renunciar sino priorizar.

La chica es nuestra Doncella, que nos abre la puerta a lo desconocido, a la acción, al emprender, mostrándonos que lo que hagamos dará sus frutos, por eso señala su vientre, augurando a la Madre que la emplazará con el tiempo. 

Todo es cíclico, todo vuelve. Esta decisión puede ser definitiva, pero esta encrucijada de la elección se nos repetirá una y otra vez mientras haya vida, mientras el Sol siga dando fe de ello.

                                                 Atrévete a elegir, ¡atrévete a ser cíclica!

Fibromas, quistes, miomas: la invasión de mi hogar

Nuestro Útero, nuestro espacio de creación y de poder. El hogar de la Diosa que somos. Llenamos nuestro espacio con nuestras historias, memorias, proyectos, hijos. Pero cuando ese hogar está invadido por bultos invasivos, la creación no tiene lugar, porque, literalmente, no tiene espacio para crecer.

 

El bebé psicológico

El fibroma, también llamado mioma, es un tumor benigno consistente en una conjunción de tejidos con tendencia a crecer. Metafóricamente, es como un embarazo, siendo esa masa creciente la representación  de un bebé. Podemos encontrar memorias de abortos o pérdidas de hijos ya nacidos por fallecimientos o adopciones. A su vez, puede tratarse de una negativa a tener hijos, bien por miedo al compromiso o por decisión propia no apoyada. 

Al aparecer el fibroma en la sede de la maternidad y de la sexualidad femenina, los asuntos que concierne son el hogar familiar y las relaciones de abusos y represiones que pude haber vivido. Sentí que no pude elegir, que no me lo permitieron. 

Sea como fuere, cargo un bebé psicológico en mi Útero, representante de aquello que estoy concibiendo y que, en el fondo, no lo he elegido.

 

 

El espacio de mis hij@s

La pérdida de un hij@, proyecto, sueño, idea, conlleva pena, y el crecimiento de la misma alimenta la masa del fibroma. Ese ente formado por tejidos innecesarios ocupa el espacio que tengo para crear mis propios hijos-ideas.  La primera acción que se debe llevar a cabo es liberarse de la pena, del pesar acumulado desde la aparición del bulto. Elegimos cambiar la pena por la felicidad, la cual nos ayudará a limpiar nuestro Útero y todas las memorias dolorosas y de represión que encontremos en él. No hacer lo que pensamos que esperan de nosotras puede llevarnos a pensar que vamos a decepcionar a quienes han puesto expectativas en nosotras. Creemos que cargar con el bebé psicológico nos hace ser mejores personas a ojos de los demás, pero lo único que conseguimos es machacarnos con la creencia de que no merecemos la felicidad porque no somos buenas personas.

Me libero de la carga que supone ocupar mi Útero con la representación de lo que no me permito, y al gestar mis propios hijos-ideas me siento más ligera a medida que hago crecer la felicidad y la plenitud en mí.

Mi Tarot Femenino II: La Emperatriz

Seguimos conociendo a las Arcanas del Tarot, y en esta ocasión es el turno de La Emperatriz. Esta mujer tiene indumentaria real, se halla sentada en un trono y en sus manos sostiene un cetro y un escudo. En algunos Tarots podemos apreciar que está embarazada, mientras que en este podemos intuirlo al ver cómo nace el cetro de poder de su vientre.

 

El poder de maternar

La Emperatriz representa el resultado de la unión de dos opuestos, los que se planteaban en La Papisa. Es así lo nuevo, lo creado, lo fecundado. Volvemos a su cetro, cuyo mango nace de su ombligo y culmina en una gran bola que representa el mundo, sobre el que hay una cruz que evoca la espiritualidad. La maternidad puede verse por tanto como un acto físico y biológico como aquellos proyectos que nacen de nosotras y que, al hacerlos crecer en nosotras, los cargamos como un embarazo. Tal y como hace el arquetipo de La Madre.

Energía Creadora

Podemos encontrar referencias de La Emperatriz en la Mitología Clásica, en diosas como Deméter, ya que ella es la Madre Tierra. Si La Papisa era Isis con velo en símbolo de su virginidad, La Emperatriz es la misma diosa desvelada.

La creación femenina nace del Útero, de sus ciclos y de su energía sexual

Se la ha identificado también con mujeres creadoras de grandes imperios como Teodora de Bizancio, esposa de Justiniano I, y Cleopatra, e incluso se ha visto en ella a la Mujer que aparece en el libro del Apocalipsis 12, símbolo de belleza, placer y fertilidad:

Una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento.

Para esos días cercanos a la ovulación, cuando nuestra energía alcanza la plenitud solar o sentimos la luna llena en nuestra energía uterina, meditar con La Emperatriz es todo un regalo.

Y para tu día a día, para afrontar la vida desde tu poder personal, desde tu evolución desde el empoderamiento, ¿qué te parecería incluir a La Emperatriz como una de tus referentes de Mujer que ocupa su lugar, que se gobierna y se nutre de Amor?

Mi 8 de Marzo

Este día es especial para todas las Mujeres. Celebramos  el reconocimiento de ser quienes somos, nos empoderamos y nos unimos para que nuestras voces suenen más altas y fuertes. Nos escuchamos, nos apoyamos, nos defendemos, y nos alimentamos de la energía del Útero que clama por ser liberado. Nuestro cuerpo, nuestra independencia, nuestra profesión, todo se lucha, todo se reivindica y todo se pone en valor ese día, al menos de manera pública, porque todos los días para Nosotras es 8 de Marzo.

Mi 8 de Marzo hoy lo dedico a reconocer mi voz, al derecho a ser escuchada y tomada en cuenta. Quiero compartir contigo una historia que viví hace unos años, sin entrar especialmente en detalles de quiénes fueron, porque lo importante para mí es cómo lo viví.

Yo ya era adulta, estaba estudiando en la Escuela de Idiomas y tenía un grupo de compañeros mayores que yo, casi todos hombres. El ambiente en general era muy masculino, había mucha energía yang, mucha lucha de egos, casi un Juego de Lingams (forma delicada y amorosa de referirse al miembro viril masculino en el Tantra, aunque a todos ellos el término les venía grande). Yo me encontraba en un mal momento emocional en mi vida, mi amenorrea estaba en auge (dejé de menstruar tras una ruptura sentimental, desvalorización total de mi persona. Te cuento más sobre este síntoma aquí) y mi único deseo era esconderme del mundo. Entonces apareció Sujeto 1, que me doblaba la edad, un señor respetable, casado y con descendencia. Su necesidad de llamar la atención empezaba por su actitud impositiva en el habla y terminaba por el frasco de perfume con el que se bañaba cada vez que salía de su casa. Como buen patriarcal con aires de galán, decidió que le apetecía conquistarme, por lo que empezó a imponerme su presencia, me regalaba piropos tan rimbombantes como babosos en público y en privado y se permitía también el lujo de acariciarme la espalda cada vez que me saludaba con dos besos. Para mí era muy desagradable, pero, ¿sabes una cosa? Yo en aquella época pensaba que, si le decía que no me gustaba su actitud, estaría ofendiendo gratuitamente a una persona que sólo estaba siendo amable conmigo. Como si me estuviera haciendo un favor.

En ese grupo habían más Sujetos. Todos testigos del acoso que yo estaba sufriendo, todos ciegos, sordos y mudos. Sólo un Sujeto 2 decidió apoyarme, adoptando una actitud paternalista, que en ese momento agradecí, basada en pegarse a mí como una lapa y mirar desafiante a Sujeto 1. Años más tarde comprobé que Sujeto 2 estaba marcando territorio porque tenía similares intenciones que Sujeto 1, pero más dulcificadas.

 

 

Yo descargaba la impotencia y la rabia que sentía durante las clases que compartíamos, porque el Profesor, gran amigo de Sujeto 1, dejaba que éste actuara como macho alfa y ocupara el espacio de las explicaciones en hablarnos de sus  tonterías personales (ni siquiera en el idioma que estudiábamos, al menos así habría sido útil). Mis compañeros, los otros Sujetos, callaban pese a sentirse también molestos ante esta pérdida de tiempo, pero un Sujeto 3 me culpaba a mí de cargarme con mi actitud la armonía de la clase.

Y el Profesor también cargó contra mí. Los exámenes orales eran muy fáciles para unos y algo más complejos para mí. Fueron varias las humillaciones durante el curso, pero recuerdo particularmente dos: en aquel momento yo ya había defendido mi Tesina en la Universidad, hacía muchos años que escribía, ya era una pasión para mí (creo que este blog lo atestigua). Este Profesor me dijo en una ocasión que yo era la típica que escribía mucho y no decía nada. En otra ocasión, a final de curso, nos hizo entrar en el aula de dos en dos para entregarnos las notas. A mí me hizo entrar con Sujeto 1, y te imaginarás quién recibió alabanzas y a quién aprobó “por pena”. Dos años después, este Profesor leyó un artículo que escribí para un congreso y me regaló toda clase de alabanzas y comentarios de admiración, y durante un tiempo mantuvimos interesantes conversaciones de feminismo, siempre con un halo de distancia energética por ambas partes. Creo en la redención y en la rectificación, no sé si ese acercamiento fue una disculpa encubierta. Mi visión como feminista y como sanadora de memorias es perdonar lo sucedido basándome en lo que yo contribuí para que esa situación se diera, por ende estoy trabajando en ello.

Importante, perdonar lo que está en mí implica conectarme con el Amor, energía de sanación, no justificar lo que otros o yo hiciéramos en esa situación.

 

 

Con respecto a Sujeto 1, en ese momento me acobardé, me quedé paralizada. Recibí invitaciones a hoteles, me escribió relatos eróticos conmigo de protagonista (¿Le has practicado a un hombre sexo oral con un cubito de hielo metido en tu boca? Porque yo no, al menos fuera de uno de esos relatos), me mandaba canciones, pero eso sí, dejando claro que él no iba a separarse y que nunca había engañado a su mujer. Ahora me veo con perspectiva, y me doy cuenta de que fui pasiva, inerte, nunca dije sí pero tampoco dije no. Simplemente aguanté el chaparrón y en cuanto pude, me alejé, salí huyendo de esa esquina en la que me veía acorralada. No me defendí, inconscientemente acepté la culpa que me estaban dando el Profesor y los Sujetos: no hago lo que me manda el patriarcado y ello supone crear desarmonía en el grupo.

De las pocas compañeras que tenía en el grupo, sólo una Mujer supo reconocer y empatizar con la experiencia tan difícil por la que yo estaba pasando. Sus recursos en empoderamiento femenino eran en aquel momento escasos como los míos, no era tampoco un asunto tan sonado como lo es hoy. Con el auge del feminismo y la lucha por nuestro espacio nos identificamos y pudimos poner nombre a situaciones de discriminación vividas por el hecho de ser mujeres. Todavía mantenemos nuestra amistad basada en el cariño, respeto y admiración que nos profesamos. Gracias, Amiga, Hermana.

Hoy, que soy Terapeuta Menstrual y Moon Mother, que menstrúo con normalidad y sin dolor, que canalizo y sano memorias uterinas, me observo con Amor y me digo que lo hice lo mejor que pude y supe. Me recuerdo que no hay culpables en esta historia, solo un grupo de hombres que ejercieron su derecho de ser hombres en una sociedad machista y una mujer que sufrió las consecuencias porque no supo alzar su voz y hacerse escuchar. Mi reclamo hoy es que se escuche nuestra voz, que nos levantemos cada mañana diciéndonos nada más abrir los ojos una palabra bella, amable, que seamos sinceras con nosotras mismas y con los demás, que expresemos con total libertad qué queremos y qué no, que pidamos cuando queramos o necesitemos algo y que rechacemos lo que no nos interese. Escúchate, respeta tu voz y álzala, asegurándote de que tu eco llega hasta el vientre de la Madre Tierra.

Feliz día de la Mujer, Hermana 

 

Frigidez y anorgasmia: el placer que no me permito

El placer es algo, que, como sabes, forma parte de tu condición física, de tu concepción de Mujer, de tu conexión con la ciclicidad que sigue tu Útero. El orgasmo conecta a los cuatro arquetipos menstruales, despertando la energía activa de La Doncella, el amor de La Madre, la sensualidad erótica de La Hechicera y la necesidad de liberación de La Bruja. La petite mort es una transmutación personal a través del placer. ¿Por qué negarlo entonces?

 

Anorgasmia, o la desconexión de mis Arquetipos

La anorgasmia es la ausencia de orgasmo pero no de placer. Porque la mujer anorgásmica siente placer cuando la tocan, pero  cuando llega el momento de sentir la liberación del orgasmo, se bloquea y “se enfría”. 

El orgasmo representa la apertura de todos los centros de energía del cuerpo, es decir, los chakras, y como vimos antes, en nosotras supone también la activación simultánea de todos nuestros arquetipos menstruales. Cerrarnos a esta apertura supone, por un lado, la negación a experimentar esta recepción y catarsis energética, porque no soy merecedora de estos dones, y por otro lado, el castigar a nuestr@ compañer@ sexual. No me permito disfrutar con otra persona y tampoco le doy a ella el privilegio de acompañarme al éxtasis. No me fusiono con la otra persona, y por ende no comparto ni recibo de ella.

¿Cómo solucionamos una anorgasmia? Cada caso es especial y necesita acompañamiento terapéutico, pero básicamente la idea es permitirse recibir placer en nuestra vida cotidiana. Para recibir cualquier tipo de placer del otro, debo primero aprender a dármelo yo mismas. Relájate y suelta el control.

 

Como nos dice Miranda Gray en la formación de Moon Mother: una mujer realiza la Bendición o Sanación de Útero, la otra, simplemente, relax and enjoy (se relaja y disfruta)

 

Frigidez, o la ausencia total de placer

La ausencia total de placer en las relaciones sexuales proviene de una “decisión” más o menos consciente que la mujer tiene de evitar el placer. En estos casos solemos consultar el árbol genealógico de la persona para conocer la relación entre las ancestras y el placer sexual. Podemos encontrar mujeres rígidas o muy estrictas, miedos a mostrar calidez y por tanto vulnerabilidad, represiones sexuales o engaños con amantes.

El placer se asocia con el pecado, con algo incorrecto y sucio. También habla de perder el control, de dejarse llevar, de no actuar desde la mente y sí desde la emoción. Ten en cuenta que, cuando no nos permitimos liberarnos y soltar el control mediante el placer, lo haremos con otra expresión que nos lo permita de una manera más justificada a nuestro sistema de normas y creencias: comiendo en exceso, con alcoholismo, con crisis incontroladas. 

Es también otra forma de no conectarnos con nuestr@ compañer@ sexual, de no permitirle acompañarnos a nuestra pérdida de control.

¿Cómo solucionamos una frigidez? Nuevamente cada caso es especial, y recurriremos al acompañamiento terapéutico, pero la base aquí será concedernos el derecho que tenemos por nacimiento de sentir placer y permitirnos por tanto renacer en cada acto de estimulación positiva.

 

“Un orgasmo no se tiene, se aprende a tenerlo, o mejor dicho, se aprende a permitirse obtenerlo.” Valérie Tasso

Como yo (me) amo

El amor es el tema principal sobre el que hablan los libros. No hay película que no tenga una trama romántica, y cuántas canciones narran cómo y cuánto se puede amar, llegando a límites en los que se declara que, sin ti, no soy nada. El amor es bueno cuando duele, porque el dolor es sentimiento. No puedo vivir sin ti, no me dejes de querer, tú eres la razón de mi existir, y un sinfín de versos que se reproducen en las innumerables playlists de amor romántico para San Valentín. En otras palabras, nos están diciendo que el amor hace daño y que él da sentido a nuestra vida, pero cuando viene de otra persona. Porque el mensaje no es yo soy la razón de mi existir, no me dejo de querer, o sin mí no soy nada. ¿No existimos entonces si otro no nos da valor con el regalo de su amor?

No te quiero, Te Amo

Porque querer es poseer. Quiero un helado, quiero ese vestido, quiero a esa persona (para mí). Amo porque manifiesto la acción de amar, de conectarme con esa energía que despierta lo más sublime, lo más luminoso de mí, y te amo porque veo esa belleza en ti, porque, me irradias tu esencia divina. No puedo ver en los demás lo que no tengo yo misma, por lo que si veo ese amor bello en ti es porque yo también lo tengo. En otras palabras, no puedo amar a otra persona si yo no me amo.

 

 

El Amor es bueno cuando No duele

El Amor no es sufrimiento, es acompañamiento. El amor no duele, sino que conecta con las emociones. Si duele, no es amor. Si siento tristeza, rabia,  o alguna emoción a la que le ponga un significado negativo, tendré qué observar qué pasa con ese amor, por qué lo siento así, pero date cuenta de que dolor no es sinónimo de tristeza. No quiero decir que cuando se ama siempre se esté de buen humor, porque amar es algo más grande, es una forma de vida.

Amor y enamoramiento

No es lo mismo amar que estar enamorada, porque el amor perdura, mientras que es el enamoramiento lo que dicen que dura un tiempo limitado. El enamoramiento es el primer éxtasis que puede conducir al amor, y como éste es energía  en evolución, amaremos de diferentes maneras con el paso del tiempo tras pasar la etapa de enamoramiento. El enamoramiento supone un desgaste personal grande, porque despierta emociones extremas como la euforia, las cuales no estamos preparados para soportar, como ocurre con la tristeza profunda, por ello el enamoramiento en éxtasis se calma y da lugar a otra fase del amor. Es en este  punto cuando podemos confundir el fin de la euforia amorosa con el fin del amor hacia esa persona, porque quizás estamos abandonando un sentimiento que no ha hecho sino evolucionar.

 

 

Como yo (me) amo

Te Amo, porque Me Amo. No me enamoro de tus defectos, sino de tus luces y tus sombras, y de tu capacidad de iluminar mis partes más oscuras. Como el Sol se enamora de la Luna, eres mi complemento, no mi mitad. No voy detrás de ti sino a tu lado, contigo. No das sentido a mi vida, simplemente la haces más bella, y yo en este momento estoy dispuesta y preparada para aceptar ese regalo de luz que me ofreces. Te amo porque me ves, y porque yo también me veo. Porque me reconoces y me honras, y yo en este amor que sentimos también me reconozco y me honro. Y te devuelvo los dones que estás regalando: te veo, te reconozco, te honro. Y así será hasta que ambos lo decidamos, porque esto es un acuerdo mutuo, porque compartimos el sentimiento más sublime y nos responsabilizamos de cuidarlo, y el día que no podamos o no queramos continuar cuidando esta semilla florecida, nos agradeceremos todo el tiempo disfrutado en conjunto en el que decidimos que viviríamos ese amor que no pretendíamos que fuese para siempre pero sí puro, sincero y consciente.

 

Mi Tarot Femenino I: La Papisa

Vamos a conocer el lado más femenino del Tarot, y lo haremos presentando a sus Arcanas, es decir, las cartas femeninas de la baraja, tanto porque el personaje representado es una mujer o porque aparecen elementos femeninos en la carta. La energía del Tarot es dual, y como ya he comentado en alguna ocasión, tiene un tinte patriarcal que con el paso del tiempo iremos eliminando.

La dualidad del Tarot se marca en el equilibrio que encontramos entre la energía masculina, que representa la actividad, el pensamiento, las ideas, lo concreto, y la energía femenina, que muestra los sentimientos, la intuición, la introspección, lo abstracto. El ser humano es dual, independientemente de su género, y forma parte de su evolución conocer ambas polaridades y transitar por ellas con gracia y seguridad. Puedes leer más sobre todo esto aquí.

Y ahora sí: Vamos a conocer a La Papisa.

 

La Papisa, también llamada La Sacerdotisa en otros Tarots (el que yo os presento es el Tarot de Marsella), es una dama con atuendo austero, sentada en un trono y con un libro abierto apoyado en sus manos. Un par de columnas cubiertas con un velo se hallan a su espalda.

Esta Arcana representa la dualidad del ser consciente y del inconsciente, del cuerpo terrenal y del espíritu. Dualidad en la causa y el efecto, el bien y el mal, hombre y mujer, vida y muerte: es la lucha entre opuestos para hacerse uno.

 

La Papisa Juana

En esta Arcana reconocemos a la Papisa Juana, que, según cuenta la leyenda, se encontraba bajo la figura del Papa Juan VIII, aunque también se dice que Juana se ocultó como el Papa Benedicto III. Sea cual fuere, los años de reinado de esta Papisa habría tenido lugar en el siglo IX d.C.

Hay una novela fantástica de Donna W. Cross llamada La Papisa, que cuenta la historia de Juana. Hija de un canónigo y una pagana, Juana no puede estudiar por prohibición de su padre, pero el destino se pone de su parte y la joven consigue acudir a una escuela. Por circunstancias de la vida, Juana se ve obligada a vestir sotana y a refugiarse en una iglesia donde, como Juan Ánglico, destacará por su inteligencia y su capacidad intuitiva, lo que la harán convertirse en Papa. 

 

La dualidad nos impera a elegir, pero también a integrar

 

La Papisa no es madre, al menos no física. Es la mayor soberana del saber espiritual en la Tierra, y nos conecta con nuestra parte más sabia. Es una figura interesante con la que meditar en nuestra fase menstrual, porque nos conecta con nosotras desde la quietud y la calma.

A su vez, también podemos ver a la Papisa como la diosa egipcia Isis con el velo de la virginidad, o Juno, la reina de los dioses, la soberana en el mundo espiritual.

Te invito a que te conectes con La Papisa, a que te dejes aconsejar por su sabiduría, y para esas tardes de sofá y mantita, acompaña con una infusión la lectura de La Papisa, donde conocerás a una mujer que, para convertirse en Papa, luchó con su biología femenina y con la dualidad de su propio corazón, que latía al mismo ritmo por su amor  a Dios y por el conde Geroldo. Una Papisa del siglo IX tuvo que elegir, pero las Papisas actuales tenemos el beneplácito de nuestro Útero para integrar ambas opciones: es la magia de la dualidad que consigue hacerse uno, si es que fuese necesario.

Amenorrea: cuando mi menstruación decide no bajar

Eres una mujer fértil, en edad de menstruar, más o menos regular, siempre a tu manera y con tu calendario (recuerda que no existe el ciclo menstrual perfecto de 28 días, o al menos la mayoría no lo seguimos). Menstrúas un mes, y al siguiente, pero al próximo ya no, y tampoco al que sigue, y al siguiente manchas, y después dejas de menstruar. Pero no notas síntomas menopáusicos, no tienes sofocos, ni cansancio excesivo, ni sudores exagerados, ni sequedad vaginal, aunque sí un poco de tristeza, de melancolía, de malestar emocional. Vas al ginecólogo y te detecta amenorrea, por un desajuste hormonal, así que te regula las hormonas posiblemente con una píldora anticonceptiva que te provocará un ciclo perfecto de 28 días, con una sangre roja y bien limpia y sin dolor, porque lo que estás teniendo es una falsa menstruación, que servirá para enseñarle a tu aparato reproductor nuevamente el hábito de menstruar. A mí no me gusta cómo suena, ¿y a ti?

 

 

Vamos a empezar por el principio: ¿Qué es la amenorrea?

Es la ausencia de menstruación debido, en la mayoría de los casos, a la baja producción de las hormonas menstruales, estrógeno y progesterona. A veces colabora la prolactina, la hormona que participa en la segregación de leche materna. Podemos encontrar dos tipos de amenorrea, una llamada primaria que se da en mujeres que no han menstruado nunca, y la secundaria, que la padecen aquéllas que sí son cíclicas, incluso después de haber parido. Cabe destacar al respecto que también se considera amenorrea a la ausencia de menstruación durante el embarazo, la lactancia y la plenopausia,  pero fisiológicamente es algo normal, por lo que no es preocupante.

Encontramos diferentes motivos físicos que nos conducen a padecer amenorrea, por ejemplo que no se produzcan óvulos, por un tumor en los ovarios, por antidepresivos, o por padecer anorexia o anisedad.

 

¿Qué me está diciendo la amenorrea?

El ciclo menstrual al completo, como sabes, empieza con la formación del óvulo y termina con la expulsión del mismo en el sangrado. En otras palabras, empieza con la Doncella y termina con la Bruja. El cuerpo se prepara para producir un óvulo, madurarlo, desprenderlo de la trompa de Falopio, envolverlo en el endometrio y finalmente expulsarlo, pero la amenorrea hace que el último paso no se produzca. Es más, se pueden incluso sentir los dolores premenstruales en todo su esplendor, pero no hay expulsión con la hemorragia, no hay liberación. No hay Bruja que valga, porque no soltamos nada. ¿Qué estamos reteniendo, de qué no nos estamos liberando?

 

La sangre es vida, es regeneración. Es el órgano (porque así está considerada) que lleva el alimento y el oxígeno a todo el cuerpo, recogiendo y depurando las diferentes toxinas que se producen y acumulan dentro de él. La sangre debe fluir y encontrar su camino. En el caso de la sangre menstrual, su camino es salir del cuerpo con el endometrio y el óvulo no fecundado. Si no permitimos que la sangre siga su curso, no permitimos que el ciclo se complete, cortamos nuestra energía cíclica, cortamos nuestra vida. Cesando nuestro ciclo menstrual cortamos nuestra capacidad de crear, de vivir. No parimos todo lo que hemos gestado con La Madre, por lo que tampoco hacemos catarsis de lo trabajado en La Hechicera, quedándonos enganchadas a ella, como si fuéramos menopáusicas (que no plenopáusicas, porque no hay ni una integración consciente ni tampoco nos corresponde por edad o fisiología). 

La amenorrea también se relaciona con el rechazo a la sexualidad, tanto por infravaloración de la pareja como por creencias relacionadas con sexo y suciedad. ¿Me culpo por no ser o haber sido una buena amante para mi pareja? ¿Merezco por ello un castigo por su parte, como que me engañe con otra persona? A veces podemos estar repitiendo ideas y memorias que tenían las mujeres de nuestro linaje relacionadas con experiencias sexuales que implican dolor. En estos casos es interesante rastrear el árbol genealógico para encontrar el origen de estos patrones y sanarlos de raíz.

La Terapia Menstrual ofrece muchas herramientas para encontrar el origen de la amenorrea en cada caso particular y sanarlo siempre desde el amor y la comprensión hacia las personas implicadas, potenciando siempre el autocuidado, el autorespeto y la autoestima. Mereces vivir conectada con tus arquetipos, mereces vivir tu vida con fluidez y mereces ser y sentir en armonía contigo misma, siempre.